x Calderón: Manteniendo el impulso del G20
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Manteniendo el impulso del G20

Felipe Calderón HInojosa, presidente México
[English] [Português]

From "The 2011 G8 Deauville Summit: New World, New Ideas." edited by John Kirton and Madeline Koch
Published by Newsdesk Media Group and the G8 Research Group, 2011
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El G20 se ha convertido en un foro central para la gobernanza económica internacional. Es un ejemplo de lo que podemos lograr a través de la colaboración abierta entre las economías emergentes y desarrolladas. En efecto, el valor agregado del G20 en relación con otros mecanismos internacionales ha sido la inclusión de los intereses y prioridades de las economías emergentes en la búsqueda de soluciones a los problemas mundiales más apremiantes. El G20 también ha mostrado las ventajas de trabajar en un foro que, en lugar de estar limitado por el exceso de formalidades en su proceso de toma de decisiones, trabaja mediante la construcción de consensos. Así, el G20 refleja adecuadamente la realidad indiscutible de un mundo multipolar e interdependiente.

En este marco, México ha desempeñado un papel fundamental como puente entre las economías emergentes y avanzadas. Por ejemplo, México ha trabajado con otras naciones para fortalecer las instituciones financieras internacionales y mejorar la representación de los países miembros con el fin de reflejar el tamaño e influencia de las potencias emergentes. Este ha sido sin duda uno de los principales logros de los países en desarrollo en el marco del G20.

El G20 también ha demostrado ser un espacio útil para la coordinación económica. La respuesta de política económica que implementamos para hacer frente a la crisis financiera global de 2008 es probablemente el ejemplo más notable de la cooperación económica internacional en las últimas décadas.

Los planes de estímulo económico aprobados por los miembros del G20 ayudaron a recobrar la confianza y la liquidez en los mercados mundiales, reduciendo así el impacto de la recesión mundial. La coordinación macroeconómica entre las economías más importantes del mundo demostró ser el medio más eficaz para estimular la recuperación mundial.

Si bien esta recuperación ha sido fuerte, sus efectos no han sido los mismos en todos los países y regiones. Este sigue siendo un problema incluso para algunas de las economías más desarrolladas del mundo, incluyendo Japón y países europeos como Grecia, Irlanda y Portugal. Algunas naciones aún enfrentan un alto índice de desempleo, sobrecalentamiento, presiones inflacionarias, o aumento del déficit fiscal. En la medida en que las naciones enfrentan sus propios retos, ha sido difícil llegar a un acuerdo sobre un conjunto común de políticas macroeconómicas en el futuro. Es por eso que tenemos que renovar nuestro compromiso de lograr un crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado.

Como acordamos en noviembre pasado durante la Cumbre de Seúl, este es el momento para que los miembros del G20 trabajemos juntos para mejorar la recuperación económica mundial. En otras palabras, nuestro objetivo más urgente es mantener el impulso actual, a fin de lograr un crecimiento mundial sostenido. Estoy convencido de que podemos hacerlo. Ciertamente, no será una tarea fácil, pero es muy importante conducir nuestras economías hacia un nuevo período de crecimiento mundial. Una recuperación de corto plazo podría tener consecuencias graves y de larga duración para la economía mundial.

Francia ocupa actualmente la Presidencia del G20 y será la sede de su próxima reunión a finales de este año. En preparación para esta cumbre, hay una serie de cuestiones que debemos abordar si queremos apegarnos a nuestros compromisos anteriores y sentar las bases para un crecimiento futuro:

En primer lugar, los países del G20 deben realizar las reformas estructurales que impulsen la demanda interna y aceleren la recuperación del empleo. Debemos profundizar la coordinación de políticas macroeconómicas con el fin de lograr la consolidación fiscal y ajustar los desequilibrios mundiales. Estos desequilibrios, que se reflejan en la balanza de cuenta corriente, la deuda, los flujos de capital, y el ahorro público y privado, tienen el potencial para desestabilizar la economía mundial. Por eso no debemos escatimar los esfuerzos por adoptar políticas colectivas para hacerles frente.

En segundo lugar, hay que revitalizar el libre comercio. Este problema ha estado pendiente por mucho tiempo. Mantener nuestros mercados abiertos al comercio y la inversión es esencial para impulsar la recuperación mundial y lograr un crecimiento sostenible para todos. Por ello debemos evitar el proteccionismo y reanudar la Ronda de Doha de negociaciones comerciales tan pronto como sea posible.

En tercer lugar, es igualmente importante avanzar en la agenda del Consenso de Seúl para el Desarrollo, no sólo porque es una responsabilidad moral reducir la brecha entre los países ricos y pobres, sino porque un fuerte crecimiento económico en todas las naciones dará lugar a una recuperación mundial sostenible. Se han considerado iniciativas en diversas áreas, incluyendo la infraestructura, el desarrollo de recursos humanos, la inversión privada y la creación de empleo, la seguridad alimentaria, el crecimiento vigoroso; la inclusión financiera, y el intercambio de conocimientos, entre otros.

En cuarto lugar, debemos continuar mejorando la regulación y supervisión financiera a través de propuestas integrales que hagan a las instituciones financieras más sólidas y protejan a los contribuyentes. Estamos trabajando para incorporar la perspectiva de las economías emergentes en las propuestas de reforma regulatoria; fortalecer la regulación y supervisión de la banca no regulada; mejorar la integridad del mercado y fortalecer la protección de los consumidores. Esto nos ayudará a prevenir futuras crisis como la que condujo al sistema financiero global al borde del colapso en 2008.

Como anfitrión de la Cumbre de 2011, Francia ha propuesto incluir la reforma del sistema monetario y la seguridad alimentaria en la agenda del G20, temas que sin duda es necesario abordar. Respecto a la reforma del sistema monetario internacional, México y Alemania co-presiden un grupo de trabajo que se enfoca en la gestión de los flujos de capital y la liquidez global. El propósito es identificar formas para mejorar el sistema monetario internacional a fin de asegurar la estabilidad sistémica.

En resumen, nuestro objetivo es crear un entorno más transparente y una arquitectura financiera mundial efectiva que fomente el crecimiento equitativo. Esta es nuestra mejor apuesta, como dicen: una marea en ascenso levanta todos los botes.

Creo firmemente que el proceso multilateral es la mejor manera de resolver los desafíos globales en beneficio de todos. México ya mira hacia el 2012, año en que asumirá la presidencia del G20. Mi gobierno está comprometido a construir sobre los éxitos que estoy seguro se conseguirán en Francia, y propondrá una agenda basada en el estado de la economía mundial que refleje la creciente importancia de países emergentes como el nuestro.

Mientras nos preparamos para la Cumbre de México, buscaremos activamente el consejo y la opinión de los países dentro y fuera del G20, las organizaciones internacionales, el sector privado, la academia y la sociedad civil. Trabajaremos con nuestros socios para mejorar la eficacia y la rendición de cuentas del G20, y salvar las diferencias entre las economías desarrolladas y emergentes.

Como hemos dicho antes, el objetivo del G20 es ambicioso: sentar las bases de una arquitectura internacional más equitativa, transparente y justa que promueva el desarrollo sostenible para la humanidad. Para ello, tenemos que seguir una agenda más ambiciosa para el futuro. Es un reto que debemos aceptar. Estoy seguro de que el G20 puede y deberá cumplir su promesa de lograr un crecimiento mundial sostenido. Como un eslabón clave entre los países desarrollados y las economías emergentes, México trabajará arduamente a fin de cumplir este objetivo común.

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